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Marmolista: ¿Cuáles son exactamente sus funciones?

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El mármol es un material con una belleza singular y muy presente en nuestro día a día. Pero, sin duda, tanto en la estética como en otros propiedades influye mucho el trabajo del marmolista, un profesional artesano cuyo oficio se ha de poner en valor. Eso es precisamente lo que nos hemos propuesto en este artículo.

El mármol y sus propiedades

El mármol es una roca metamórfica, es decir, se ha formado a partir de la modificación de otras mediante un proceso conocido como metamorfismo. Las rocas a partir de las que se forma son calizas, y su principal componente es el carbonato cálcico. Este está presente en más del 90% de la composición.

Los inicios de su uso están asociados a la Antigua Grecia, y lo cierto es que el mármol llegó a ser muy apreciado tanto por los propios griegos como por los romanos. Se convirtió en símbolo de poder, de ahí que esté presente en obras de arte que son insignias de la cultura occidental. Hablamos, por ejemplo, de la Venus de Milo o el David de Miguel Ángel.

A día de hoy sigue siendo muy apreciado en la construcción y la decoración de espacios, dadas sus muchas ventajas. Y es que se trata de un material exclusivo, pues al ser una piedra natural no presenta un aspecto homogéneo. Cada veteado es diferente, y eso convierte a cada pieza en única.

También es muy resistente ante elementos agresivos como el calor y los golpes. No se resiente ante el paso del tiempo, pues su envejecimiento resulta sutil y natural. Además, casa bien con cualquier estilo decorativo, algo a lo que contribuye la enorme variedad de opciones que se pueden encontrar en el mercado.

Repasando tales características, no es de extrañar que se use el material para la construcción de lápidas. La mayoría de ellas están hechas de granito, mármol y travertino.

Qué hace un marmolista

El marmolista es el artífice de los mármoles, pues los trabaja y los vende. El concepto está muy asociado al labrado de lápidas funerarias, pero su producción puede estar muy diversificada. Y es que una vez que el mármol se pule tiene un brillo natural que lo hace muy apreciado en decoración, junto a todas las características comentadas. No hay más que ver trabajos como los de Álvarez y Lastras.

Su trabajo se puede resumir así:

  • Estudio de la pieza. El marmolista conoce bien las propiedades de la piedra y sabe distinguir unas piezas de otra, lo que le sirve para decantarse por la mejor materia prima al mejor precio.
  • Diseño. Cuando le encargan un trabajo, debe realizar una mediación y elaborar los croquis y plantillas sobre los elementos disponibles en el terreno. Algunas medidas estarán estandarizadas, como las lápidas para nichos, pero hay obras de otra envergadura que debe medir bien.
  • Preparación. Dependiendo del trabajo que tenga que hacer, el marmolista preparará la zona. Eso implica tener a la mano el material, las herramientas a usar, las máquinas y los recursos humanos necesarios. Fruto de su conocimiento hará una buena planificación, lo que luego influirá en el resultado y en la entrega del trabajo en tiempo y forma.
  • Trabajo de la piedra. Es la tarea más importante, y probablemente la que el marmolista más disfrute. Debe cortar la piedra, perforarla, modelarla, unirla, pulirla y abrillantarla, según el tipo de trabajo que tenga que hacer. Puede tratarse de pavimentos, de un zócalo, de escalones o de columnas, aunque el trabajo que más nos interesa como funeraria es el de lápidas.
  • Montaje y desmontaje. El marmolista también puede encargarse de las tareas de montaje y desmontaje sobre el terreno, aunque esto dependerá dw lo específico que sea el trabajo y de las sinergias que haya alcanzado con otros profesionales. Si se trata de una encimera, por ejemplo, es posible que el marmolista sea un proveedor, y que quien se encargue de hacer el montaje sea una empresa dedicada a la venta y el montaje de cocinas completas.

De lo anterior se desprende que el oficio de marmolista requiere de un conocimiento exhaustivo y mucha dedicación. El resultado importa y los clientes suelen ser muy exigentes.

Pensemos en una lápida. La familia del difunto querrá que la superficie esté lisa y brillante, además de que los grabados sean estéticos, claros y duraderos, sin que se borren con el paso del tiempo. Para atender sus peticiones correctamente, es necesario que el marmolista sea un buen profesional.

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