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Las etapas del duelo: cuáles son y consejos para afrontarlas

etapas del duelo
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Conocer las etapas del duelo puede ayudar a hacer más llevadera la pérdida de un ser querido, pues permite identificar las fases naturales por las que estamos pasando y entender que llegaremos a una última que será como un renacer.

Lamentamos mucho tu pérdida si has llegado hasta aquí en busca de respuestas que, al menos, ofrezcan una explicación racional a las emociones que estás sintiendo. La búsqueda de información es un camino individual en buena medida, porque no se nos prepara para tomar la muerte como un fenómeno natural de la propia vida.

Las cinco etapas del duelo

El campo de la psicología y de la psiquiatría suele tomar como referencia el modelo Kübler-Ross, que debe su nombre a la psiquiatra suizo-estadounidense que expuso la teoría a finales de los 60 en el libro “Sobre la muerte y el morir”. Nos centramos en el duelo que hay que pasar cuando fallece un ser querido, pero es válido también para quienes padecen una enfermedad terminal.

Cabe mencionar, eso sí, que no es un modelo definitivo. Cada persona vive su duelo de un modo diferente, lo que tiene que ver con su personalidad, su cultura y, por supuesto, las circunstancias en las que se produce la pérdida. No es el mismo una muerte repentina a edades tempranas o medias que lo que solemos llamar “fallecimiento por causas naturales”.

Al plantearte el esquema, se trata de que puedas identificar tus emociones y las encuadres en alguna parte del proceso. Puede ayudarte a entender lo que estás sintiendo y a ver más allá del vacío en el que posiblemente te encuentras ahora.

1. Etapa de negación

En la primera fase, es normal presentar oposición a asumir la realidad tal y como se nos presenta. Son habituales frases del tipo “esto no puede estar pasando” o “estoy bien”, cuando no es así.

Es como si nuestra mente quisiera protegerse ante el dolor, adquiriendo un escudo temporal. No puede durar siempre, pues en algún momento habrá que afrontar la realidad tal y como es.

2. Etapa de ira

Llega un momento en que asumimos que lo que ha pasado es irreversible, y será entonces cuando aparezcan emociones como la rabia y el resentimiento. No hay solución posible ni marcha atrás, y eso puede provocar frustración, ansiedad y sensación de vacío.

Es una fase de sentimientos negativos entre los que también se puede contar la envidia. En muchas ocasiones, sobre todo cuando se trata de muertes repentinas, necesitamos un cabeza de turco, algo o alguien a quien culpar y en el que proyectar todo ese dolor.

3. Etapa de negociación

Es una etapa más sosegada porque sentimientos tan vehementes como la ira no se dan, o no con la misma intensidad. De algún modo, interviene la esperanza, aunque puede dar lugar al autoengaño.

Las personas que están atravesando esta fase se suelen hacer preguntas que ficcionan acerca del hecho, dando luego a los condicionales “y si”: “¿Qué habría pasado si…?” o “¿Qué habría hecho de saber…?”.

4. Etapa de depresión

La persona que pasa el duelo se sume en una profunda sensación de dolor y vacío, aunque hablamos de algo diferente a la depresión clínica que diagnostican los especialistas. No se trata de un problema de salud mental, sino de un consecuencia de hechos que se han vivido.

Según el esquema, es la fase en la que se toca fondo, y desde ahí se podrá ir hacia arriba. Sin embargo, se puede hacer profunda y prolongarse si a la persona le cuesta volver a encontrar la motivación para afrontar su día a día, llegando incluso a aislarse.

5. Etapa de aceptación

En cierto modo es un fase de liberación, pues por fin se comprende y se asume lo que ha pasado. La persona entenderá que debe seguir adelante sin el ser querido fallecido, y que no podrá olvidarlo pero sí aprender a vivir con ese vacío.

Con el tiempo, volverá a experimentar sensaciones positivas como la alegría, aun teniendo momentos de tristeza cuando la otra persona viene al pensamiento. Y es que el duelo no es tanto por la muerte, sino por todo aquello que hay que vivir sin nuestro ser querido.

Consejos para superar un duelo

Dado que no todo el mundo atraviesa la misma experiencia al enfrentarse al duelo, decíamos, tampoco las fases son lineales. No tienen por qué sucederse una detrás de otras en orden, ni duran lo mismo para cada persona.

Nuestro trabajo, además de nuestra propia naturaleza humana, nos insta a estar en permanente contacto con el dolor. Una de nuestras misiones principales es la de acompañar a la familia, y nuestra formación y experiencia nos sirven para dar algunos consejos útiles con los que afrontar el duelo.

Date tiempo

No solo se trata de darse tiempo, sino de dejar fluir y no evitar las emociones. El enfado, la tristeza y el dolor son habituales, pero no debes entrar a valorar si es bueno o malo sentirse así ni cómo te deben estar viendo los demás.

Lo que estás sintiendo pasará, pero debes vivirlo. Si te ayuda, puedes recurrir a fotografías u objetos personales que te conecten con la otra persona.

Habla con tu familia y tus amigos

Al principio te hará daño hablar de la persona que ha fallecido, pues son demasiados recuerdos y el dolor de su pérdida está reciente. Pero es probable que poco a poco quieras abrirte y desahogarte, y si lo haces el duelo resultará más llevadero.

Hay personas que se sienten incómodas hablando de ciertos temas, así que habla con alguien que te escuche y te haga sentir bien. Explica que necesitas hablar de ello y agradece que trate de ayudarte ante un mal momento ante el que es completamente natural sentirse así.

Permítete disfrutar con lo que te hace sentir bien

Es posible que ahora te cueste visualizarte sonriendo por algo, y que haya momentos en los que disfrutaste que ahora te parece que forman parte de una vida pasada que no volverá. Esos momentos no van a volver, pero sí vendrá otros y serán felices.

No se trata de forzar, sino de abrir tus ojos y tu mente ante aquello que te hace sentir bien. ¿Es ver un paisaje? ¿Dar un paseo por el campo? ¿Un olor? ¿Degustar tu comida favorita? Encuentra esos pequeños detalles que te ofrecen un balón de oxígeno en medio del dolor.

Aprende a pedir ayudar

En la fase de depresión, es frecuente que la persona se aísle. Tiene una tristeza profunda que le dificulta encontrar la motivación, y recibir la visita o atenciones de sus seres queridos se le puede hacer muy cuesta arriba.

Es normal, pero llegar al punto de perder el contacto con tu círculo es contraproducente a largo plazo. Trata de no perder el foco y, si sientes que cada vez te cuesta más, pide ayuda a tu entorno y a un/a profesional. Esto último se hará imprescindible en situaciones de colapso, sobre todo si había un grado de dependencia alto con la otra persona.

En determinadas circunstancias, hay grupos que pueden servir como apoyo cuando la muerte se ha producido en circunstancias repentinas y violentas. Sucede, por ejemplo, con las víctimas de accidentes de tráfico, y conocer los testimonios de otros/as puede aliviar.

Cuídate

Tendemos a llenar los vacíos emocionales con cosas que, a la larga, nos hacen más mal que bien, y es frecuente que eso suceda con la comida. Comer compulsivamente por ansiedad no harán que desaparezcan las emociones negativas, y cuando pase el placer efímero que puede suponer atiborrarse, esas sensaciones seguirán ahí y se verán acrecentadas por otras nuevas.

Mantenerse saludable siempre ayuda, así que procura comer bien, dar paseos, descansar y no perder esos hábitos que hacen que tu cuerpo se sienta bien en cualquier momento de la vida. Tampoco te machaques si los reduces o suprimes por ahora, solo trata de buscar un equilibrio. Lo agradecerás después.

Regala tiempo y voluntad

Nos hace sentir bien regalar tiempo a los demás, pues nos reconforta saber que estamos ayudando a hacer la vida de otra persona un poco más fácil. Por eso los actos altruistas se recomiendan en ciertas etapas del duelo, sobre todo las finales: una vez has mirado por ti, puede hacerte bien mirar por otros/as.

Puede tratarse de algo que genere un compromiso a largo plazo, como pertenecer a una asociación que ayuda a personas con pocos recursos, o participar en su recogida de alimentos un solo día. Pero no tiene que tratarse de algo externo, sino que puedes poner el foco en los amigos y familiares que te han ayudado. Es hacer algo por quienes de verdad te importan.

Es muy cierto eso de que el tiempo ayuda a curar heridas. Hay expertos/as que aseguran que no es que el dolor pase, sino que crece nuestra vida alrededor hasta el punto de que la pena no llega a determinar todo lo que hacemos, como sí sucede al principio. Dejará de ser tan oscuro y, aunque todavía volvamos a él en ocasiones, no se sentirá tan intenso y limitante. Ánimo.

VALORACIÓN DEL ARTÍCULO
5/5

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