Cómo superar la muerte de un hijo [GUÍA]

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No deberíamos tener que dar consejos sobre cómo superar la muerte de un hijo porque no debería ser algo que los padres tuvieran que afrontar. No se nos prepara para afrontar ninguna muerte cercana, menos aún la de un hijo.

Sin embargo, en la vida solo tenemos dos certezas: la de la muerte y la del nacimiento. Y aunque en un país como España se ha conseguido reducir la mortalidad en casi un 45% en 20 años, ni todos los niños sobreviven ni todos los hijos son niños.

Duele la muerte de los hijos sea cual sea su edad, por eso tratamos de proporcionarte información útil ante estos duros momentos.

Cómo afrontar la muerte de un hijo

La muerte de un hijo no se parece a la de ningún otro familiar. Si aún era un niño o un adolescente, acompañará esa sensación de incapacidad y sensación de desamparo por no haber podido proteger a un ser vulnerable.

Es posible que sufras una conmoción inicial que se manifestará en aturdimiento, y que no te permitirá responder ante personas o hechos que tengan lugar a tu alrededor. Lo ideal es pedir ayuda con los trámites, por ejemplo, con los preparativos del funeral.

También es probable que se produzca un impacto retrasado que, como explica UCLA Health, es no sentir totalmente la conmoción por lo sucedido hasta varias semanas o incluso meses después. Por eso el primer aniversario de la muerte suele ser una fecha dolorosa.

Prepárate para tener sensaciones como la culpa o la frustración, además de un hondo pesar y una tristeza que sientes que no se irá nunca. Busca el apoyo de tu entorno y date tiempo para procesarlo todo y pasar tu duelo.

Encuentra consejo para afrontar otro momento duro, como es el de contarlo a hermanos/as, en caso de tenerlos. Aunque emplees un lenguaje adaptado, habla con honestidad, no uses eufemismos y resuelve sus preguntas. Sin olvidar tu duelo, muéstrate más cariñoso/a con ellos/as, pues posiblemente sientan miedo y desazón.

Basándonos en nuestra experiencia con lo que tiene que ver con la muerte, el acompañamiento y el duelo, así como consultando fuentes especializadas, desarrollamos un post sobre el duelo infantil que te invitamos a leer detenidamente.

¿La muerte de un hijo nunca se supera?

Lamentamos comunicarte que no, pero esta afirmación tiene sus matices. Realmente, ninguna muerte se supera si se trataba de una persona muy cercana. La pérdida de una madre, un padre o una pareja harán que nuestras vidas no vuelvan a ser iguales, menos aún si se trata de un hijo.

Su fallecimiento se siente como la pérdida de parte de uno/a mismo/a, y el duelo acompaña siempre. Sin embargo, la intensidad de un sentimiento como la tristeza irá remitiendo y, con el tiempo, primarán los recuerdos felices que te proporcionen confort.

El dolor se quedará, pero irá siendo más y más manejable hasta el punto de no determinar cualquier cosa que hagas en tu vida, como sí sucederá al principio.

Aprenderás a vivir con el recuerdo y reubicarás los sentimientos que te provocaban la relación con él/ella, aunque ciertos lugares, objetos o eventos te lo traigan a la memoria.

No soporto la muerte de mi hijo

Es normal que sientas que la situación te sobrepasa por completo y no puedes manejarla, por eso es tan importante que busques ayuda: en tus familiares, en tus amigos/as, en otros padres que han pasado por lo mismo…

La muerte de un hijo por cáncer resulta devastadora, pero es posible que en el hospital ya hayas conocido a familias que están en la misma situación.

Debes prestar atención a tu salud, sobre todo a las señales que te indican que puedes estar pasando una depresión clínica que merece tratamiento o a los cuadros de ansiedad.

En su Guía para familiares en duelo de la La Sociedad Española de Cuidados Paliativos, expone señales que deben motivar que recurras a un/a profesional:

  • El recuerdo permanente de tu hijo te impide hacer tareas que antes eran cotidianas.
  • Tienes un sentimiento de soledad intenso.
  • La apatía no te permite hacer planes ni fijar metas.
  • Te provoca indiferencia cualquier situación, como si fueras insensible.
  • No terminas de creer lo que ha pasado, y lo ves como una pesadilla.
  • Sientes que tu vida no tiene sentido.
  • Has emprendido hábitos que sabes que son claramente perjudiciales.
  • Vives en un constante estado de amargamiento y enfado para contigo mismo/a  y con los/as demás, mostrándote muy irritable.
  • Has perdido la confianza en otras personas, incluyendo tus seres querido.
  • Te sientes mal por hacer cosas que, en alguna medida, implican seguir adelante con tu vida: relacionarte, interesarte por otras cosas…
  • Sientes culpa hasta el punto de desear haber muerto tú.

Algunos de los síntomas anteriores son habituales incluso en los duelos considerados normales, pero si son demasiados recurrentes, prolongados y no bajan de intensidad, sí indicarán la necesidad de pedir ayuda.

Otras señales son:

  • Te sientes inútil, te despiertas con frecuencia en la noche y te levantas con cansancio, incapaz, con un estado de ánimo muy bajo.
  • Sientes opresión en el pecho, te falta el aire, el corazón de palpita anormalmente, tienes mareos, escalofríos, náuseas o crees que vas a morir o enloquecer.
  • Tienes los músculos en tensión y te molesta el cuello, la espalda, la cabeza… Pasas el día preocupado y nervioso.
  • Fumas a todas horas, tomas en exceso pastillas que antes no tomabas (algunas incluso por tu cuenta), bebes más de lo habitual…
  • Has adelgazado o notas algún cambio físico evidente: te cuesta hacer esfuerzos, tienes las piernas hinchadas, la tensión alta, dolor o incluso diabetes.
  • Tienes ideas continuas sobre la muerte, incluyendo el suicidio.

La muerte de un hijo desde la Psicología resultará más llevadera, pues el/la profesional sabrá proporcionarte estrategias para el duelo. Ha recibido la educación y tiene la experiencia suficiente para ayudarte, así que a nada que observes alguno de los síntomas anteriores, pide ayuda.

Etapas del duelo por la muerte de un hijo

Saber cómo afrontar la muerte de un hijo pasa por tener información para desarrollar tus propias estrategias. Vas a pasar por muchos momentos, algunos malos y otros peores, pero poco a poco volverás a vivir momentos buenos.

En Psicología, se tienen como referencia las etapas del duelo por la muerte de un hijo o de cualquier otro ser querido: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. A cada una se les asocian emociones que, aunque pueden aparecer en otra etapa, son más intensas en unas que en otras.

Quizás cuando se trata de un hijo es cuando más difícil resulta predecir cómo van a ser estas fases, pues ni son lineales ni duran lo mismo en todos los casos. Por esos nos centramos en trasladarte algunas de las sensaciones más intensas que vas a experimentar. Las menciona UCLA Health en su guía:

  • Anhelo. Se traduce en un deseo incontenible de volver a ver y a sentir al niño, incluso de reunirte con él/ella. Y la imposibilidad de hacerlo provocará irritación, frustración y depresión, entendida esta última como dolor profundo. Puede resultar reconfortante tener algo suyo, como un foto, un juguete o un mechón de pelo.
  • Soledad. Estar rodeado de seres queridos no aliviará esa sensación, pues ninguno de ellos llena el vacío que tu hijo dejó. Si ese sentimiento es muy intenso, puede provocar dolor físico literalmente. Si tienes dudas, consulta a un/a profesional de la Medicina, como tu médico/a de cabecera.
  • Ira. Es uno de los sentimientos más intensos y es posible que la dirijas contra tu pareja, otros familiares o los/as profesionales que atendieron a tu hijo/a. También puedes sentirla contra ti mismo/a, contra tu hijo/a por haberte abandonado, o contra Dios si eres creyente. Mantén el foco en lo que hiciste bien y en los recuerdos positivos.
  • Ausencia o persistencia de sueño. Tu sueño aparecerá alterado, bien con problemas para dormir, bien con un exceso de horas. Pueden venir a tu mente imágenes perturbadoras, pero con el tiempo pueden reflejar experiencias más positivas que te ayudarán a recuperarte.
  • Dolor físico. Será fruto de la tensión interna y del estrés, y se reflejarán en molestias gastrointestinales, palpitaciones, agotamiento, nerviosismo, cansancio excesivo, etc. También notarás falta de concentración para acometer tus tareas, pero recuerda que si estos síntomas persisten debes pedir ayuda.

Aún así, por si quieres consultar más sobre las fases del duelo, tienes un post enteramente dedicado a la materia en nuestro blog.

Cómo superar la muerte de un hijo

Aprender cómo superar la muerte de un hijo pequeño, de un adolescente o de un adulto no es fácil, pero debes intentarlo. Repasamos algunos de los consejos que da la Sociedad Española de Cuidados Paliativos.

1. Busca apoyo y no te aísles

Es normal que quieras pasar tiempo en soledad, que a veces no te apetezca hablar o que, directamente, el silencio sea lo más reconfortante. Si necesitas sentirte acompañado/a, dilo. No tengas miedo de pedir ayuda a tu familia o a tu comunidad para encontrar aquellos círculos que te aligeran la pena.

2. Tómate tu tiempo

No hay un tiempo determinado para pasar el duelo, y lo habitual es que el de un hijo dure más tiempo que el de cualquier otra persona. Date tu tiempo, pero ve marcándote unas pequeñas obligaciones en ciertos plazos. El objetivo es encontrar un motor, no aislarte e ir recuperando vida social poco a poco.

3. Pospón las decisiones importantes

Ocúpate de reajustar tu vida después de la pérdida y de cuidar tu salud, sin más. No es tiempo para plantearse grandes cambios como vender la casa o tener otro hijo, porque no vas a poder esconder tu dolor tras esos proyectos.

4. Encuentra los caminos para expresar tu dolor

Canalizar lo que sientes a través de una actividad que te guste hacer y que te ayude puede ser muy productivo. Hablamos de escribir un diario o cartas a tu hijo, recurrir a un cajón de recuerdos que conserves de él/ella, pintar, etc.

5. Deja los recuerdos brotar y exponte a ellos gradualmente

Recordar y compartir los momentos buenos y malos con las personas de tu entorno ayuda a no reprimir lo que sientes, lo que será contraproducente. Deja fluir, pero ve exponiéndote de manera gradual a aquello que te cause más dolor, como fotos y objetos. El sufrimiento irá disminuyendo.

6. Toma aire

Salir a dar un paseo por tu zona o una escapada a la naturaleza para respirar aire puro, te ayudarán a darte treguas. Intenta cambiar de escenario para despejarte.

7. Anticipa los días dolorosos

Tarde o temprano llegará la Navidad, el cumpleaños o el aniversario de su muerte. Son fechas duras en las que sentirás especial tristeza, por eso debes anticipar planes en familia o con amigos/as para no pasarlo especialmente mal.

8. Cuídate

Recuerda: mens sana in corpore sano. A un cuerpo sano le resultará más fácil tirar de una mente que está sufriendo, como sucede al revés. Come bien, haz algo de deporte, descansa y evita los hábitos tóxicos.

9. Date permiso para disfrutar de la vida

Poco a poco debes retomar tu estilo de vida, sobre todo aquellas cosas que te resultaban placenteras con anterioridad. No te prives de disfrutar y busca nuevas actividades que te hagan bien.

10. Pide ayuda a profesionales

No esperes a desarrollar una enfermedad para empezar a cuidarte, lo que implica pedir ayuda cuando sea necesario. No hablamos solo de psicoterapia, sino también de ponerte en manos de un/a médico/a y, si lo estima conveniente, de iniciar un tratamiento farmacológico.

Consejos finales

Ten paciencia, tómate tu tiempo, no te aísles y busca aquello que te resulte reconfortante. Así se condensan todos los consejos dados.

La lectura te puede ir bien porque ayuda a comprender el proceso de duelo, te hace reflexionar y aceptar la muerte como algo natural, te enseña estrategias para afrontarla y otros beneficios.

Entre los libros que te pueden servir están La pérdida de un ser querido. El duelo y el luto, de Marcos Gómez; o La muerte: un amanecer, de E. Kübler-Ross. Hay muchos otros.

Afrontar la muerte de un hijo es, con toda probabilidad, lo más difícil que vas a hacer en tu vida. La pérdida te marcará para siempre, pero no suprimirá nuevas oportunidades que se presentarán ante ti. Te las mereces y tienes derecho a volver a ser feliz, aunque su recuerdo y el dolor de su marcha siempre te acompañen.

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